Adviento 2013
domingo, 16 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
La Campanilla, cumple 100 años
En el artículo
titulado La Buena Prensa publicado el 13 de abril de 1913, hace referencia a la
solicitud del Papa Pío IX, León XII, y Pío X para instar a los pastores de la
iglesia para que se interesen cada día más en la defensa de la religión.sábado, 10 de marzo de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
sábado, 26 de noviembre de 2011
Reflexión dominical 27.11.11
Reflexión dominical 27.11.11
TODO UN ADVIENTO PARA VIGILAR
Un hombre se fue de viaje y dejó su casa encargando a cada uno de sus criados una tarea.
Al portero le encargó de una manera muy especial que vigilara.
Jesús, que es el que nos ha puesto esta sencilla parábola, saca la conclusión de esta manera:
“Vigilen porque no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos”.
Para ellos, y también para nosotros, al comenzar el adviento, ésta es la gran recomendación que nos hace Jesucristo:
“Vigilen porque no saben cuándo vendrá el Señor”.
La vigilancia está a la orden del día hoy más que nunca: en cuarteles, fábricas y en una gran parte de las esquinas de las calles encontramos un vigilante.
¡Y pobre del vigilante que se duerma! En muchos sitios se juega la cabeza.
Al pedirnos esta actitud, Jesucristo quiere darnos a entender que una de las virtudes importantes que debemos practicar, si queremos salvarnos, es vigilar.
Recordemos lo que Él ha dicho en otro momento:
“A la hora que menos piensen vendrá el Hijo del hombre… como un ladrón en la noche… cuando todos duermen”.
En este domingo entramos en el adviento.
Tiempo de vigilia y esperanza durante el cual, como nos recuerda el Catecismo Católico, la liturgia quiere que revivamos la actitud de los santos del Antiguo Testamento.
Ellos esperaban al Mesías y esto era lo que los mantenía en la seguridad de que Dios cumpliría su promesa de enviar al Redentor.
A esto hace alusión el profeta Isaías en la primera lectura, hablando a Dios con estas palabras:
“Tú, Señor, eres nuestro Padre, tu nombre de siempre es “nuestro Redentor”. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema?
Vuélvete por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases derritiendo los montes con tu presencia!”.
Lleno de confianza termina el párrafo de la primera lectura de hoy:
“Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos obra de tus manos”.
Es evidente que, en medio de las luchas de todo tipo, tanto internas como externas, los santos del Antiguo Testamento vivían en la espera vigilante del Señor y en una oración continua que repetiremos muchas veces en la liturgia de adviento. Es una cita del mismo Isaías adaptada por
“Cielos, dejen caer su rocío, que las nubes lluevan al Justo y la tierra germina al Salvador”.
Esta ansia de Dios aparece también en el salmo responsorial que nos sirve para repetirlo con la misma confianza que el salmista:
“Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos”.
En la humildad, y dentro de una comparación tan repetida en
Qué bien nos viene esta virtud de la vigilancia a nosotros que por la fuerza de la pereza tendemos más bien a abandonar el esfuerzo y dejar que las cosas las vaya destruyendo el tiempo que pasa.
Frente a esta actitud que brota espontáneamente, San Pablo nos invita a mantenernos en la fidelidad haciéndonos ver que “no carecemos de ningún don, nosotros que aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”. Sigue el santo apóstol invitándonos a confiar y a permanecer vigilantes ya que “Él nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan que acusarnos en el día de Jesucristo nuestro Señor”.
Lógicamente el más fiel de todos es el mismo Jesucristo a quien el Apocalipsis llama el “Testigo fiel”.
San Pablo termina el párrafo de la carta a los Corintios, proponiéndonos el gran ejemplo de fidelidad para que confiemos siempre:
“Dios los llamó a participar en la vida de su Hijo Jesucristo, Señor nuestro.
¡Y Él es fiel”.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
domingo, 21 de agosto de 2011
La Campanilla 21-08-2011
2ª ETAPA 21-08-2011 Año XVIII Nº 994 Edita: Familia Salesiana de Piura
¡Vengan y verán!
¡Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo!
Partiendo de la respuesta de Pedro, Jesús le da dos atribuciones: SER PIEDRA Y ENCARGARSE DE LAS LLAVES DEL REINO. SER PIEDRA, buen fundamento para la construcción de la comunidad, hasta el punto de ser capaz de resistir contra el mal. A pesar de la debilidad de las dificultades, de los temores, tenemos un fundamento firme en el que apoyarnos, porque tiene la garantía dada por las palabras del mismo Jesús. Y ENCARGARSE DE LAS LLAVES DEL REINO. El mismo poder que se da también a los otros discípulos, a la comunidad entera: "Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo". Construir la fraternidad, la aceptación mutua, el perdón, la reconciliación, es una tarea que corresponde a Pedro, que corresponde a la Iglesia entera. Pedro ha de ser piedra de fundamento para la Iglesia y ha de ayudar a construir la unidad y la reconciliación en su interior. Una tarea que también nos implica a cada uno de nosotros. Depende, en parte, de nosotros que nuestra comunidad siga viva, testimoniando a Jesús en medio de nuestra comunidad. Depende de nuestra colaboración que en su interior haya unidad, aceptación mutua, perdón y reconciliación.
DIOS NOS HABLA ESTA SEMANA
Domingo XXI del Tiempo Ordinario
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos
1ª Lec. Isaías 22,19-23
Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: "Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna."
Salmo responsorial
R: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón; /delante de los ángeles tañeré para ti, / me postraré hacia tu santuario, / daré gracias a tu nombre. R.
Por tu misericordia y tu lealtad, / porque tu promesa supera a tu fama; / cuando te invoqué, me escuchaste, / acreciste el valor en mi alma. R.
El Señor es sublime, se fija en el humilde, / y de lejos conoce al soberbio. / Señor, tu misericordia
es eterna, / no abandones la obra de tus manos. R.
2ª Lec. Romanos 11,33-36
¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.
3ª Lec. Mateo 16,13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos contestaron: "Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas." Él les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." Jesús le respondió: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo." Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías
Para Meditar
L : 1Ts. 1, 1-5, 8b; Mt. 23, 13-22
M: 1Ts. 2, 1-8; Mt. 23, 23-26
M: Ap. 21, 9b-14; Jn. 1, 45-51
J : 1Ts. 3, 7-13; Mt. 24, 43-51
V: 1Ts. 4, 1-8; Mt. 25, 1-13
S: 1Ts. 4, 9-11; Mt. 25, 14-30
D: Domingo 22º del Tiempo Ordinario
Jr. 20, 7-9; Rm. 12, 1-2; Mt. 16, 21-27
26 de AGOSTO
Día del Anciano
"Señor, enséñame a envejecer como cristiano. Convénceme de que no son injustos conmigo los que me quitan responsabilidad; los que ya no piden mi opinión; los que llaman a otros para que ocupen mi puesto. Quítame el orgullo de mi experiencia pasada y el sentimiento de sentirme indispensable. Pero ayúdame, Señor, para que siga siendo útil a los demás, contribuyendo con mi alegría al entusiasmo de lo que ahora tienen responsabilidades aceptando mi salida de los campos de actividad como acepto con naturalidad sencilla la puesta del sol. Finalmente te doy gracias, pues en esta hora tranquila caigo en la cuenta de lo mucho que me has dado. Concédeme que mire con gratitud hacia el destino feliz que me tienes preparado. ¡Señor, ayúdame a envejecer así!"





